Autor: Iván Thays
Editor: Anagrama
ISBN: 9788433972255
Lugar: Barcelona
Fecha: 2011
Reseña: ABCD (El ABC) España
El prestigio de la fama o del éxito -como prefiere el actual prosaísmo- es muy inferior al del fracaso en la Historia de las letras. Puede recordarse el significativo y olvidado título El divino fracaso, de Rafael Cansinos Assens, uno de los más grandes escritores omitidos, pero celebrado, tal vez porque, como Emily Dickinson creía, publicar no era indispensable para un escritor.La novela del narrador peruano Iván Thays asedia los tres ámbitos en que la experiencia del fracaso es más dolorosa: el paso del tiempo, el amor y el arte. Finge desarrollar una trama en la que un escritor va jalonando su existencia a partir de su deseo de convertirse en un autor celebrado; desde su época de estudiante, cuando participaba en los experimentos creativos de un taller literario, hasta los años últimos, cuando vivir es ya sólo esperar la muerte.
«Los centenos»
La excusa permite a Iván Thays compendiar la vida del protagonista mediante episodios que lo enlazan a lo largo de diversas etapas con los amigos que forjó en el taller de escritura, «los centenos». En cada tramo, el encuentro con aquellos autores incipientes, ineptos o de secreto talento, le sirve oportunamente para comparar sus carreras, aguzar la envidia o el desasosiego y, sobre todo, compartir la mediocridad de un destino vulgar y romo, inútil.
Se es famoso merced a los demás, fuera de uno mismo. Se es uno mismo porque los otros lo creen y crean. Esa paradoja permite al protagonista alcanzar su reflejo, intuirse, aunque ese no sea el modo de ser del todo o de ser plenamente. En Un sueño fugaz, el escritor sumariamente retratado completa su individualidad manteniendo el vínculo con sus compañeros de taller a lo largo de toda la vida: lee sus libros para comprobar que no tienen talento o que aquello que han escrito no revela que sean el autor completo que él no es.
De igual modo, la juventud nos lo presenta en la primavera de su vida como un moderno Marqués de Bradomín de sensualidad insatisfecha y espíritu melancólico que languidece en Venecia primero, y luego en Trieste. Pero la felicidad no se encuentra para él en el arte ni en el amor, si acaso su sensibilidad exacerbada lo aboca a sufrir aún más y regresa a Lima con el cargo de la muerte de un hijo en la memoria y tras haber buscado la pasión en circunstanciales relaciones en las que aspira a olvidar el dolor y sustituir a su esposa.
Contada en tramos ordenados cronológicamente, Un sueño fugaz no oculta el artificio: ordena simétricamente los sucesos, abre y cierra el argumento con la presencia del Profesor Delgado, un artista del hambre de fracaso devorado por el olvido, y presenta los sucesos como gobernados por un misterioso simbolismo. El mayor de todos, el del tiempo, este sic transit gloria mundi que inspira la trama y parece regodearse con morbosidad en la desesperanza y el desengaño.
Colección de fábulas
Perseguir la fama es «un sueño fugaz» y caprichoso, parece decirnos Iván Thays. El anecdotario es amplio, inagotable: tocado por la gracia de la celebridad, Cocteau era ya famoso a los 17 años, en tanto que Groussac opinaba que ser famoso en América no era dejar de ser un desconocido. Sainte-Beuve consideró el favor de la celebridad como una prostitución y Chamfort describía el fenómeno de ser famoso y gozar de éxito como la propiedad de ser conocido por aquellos que no conocen nada. La fama, el río que lleva en la superficie los cuerpos ligeros e hinchados, mientras se sumergen los pesados y sólidos, sentenció Francis Bacon.
Pero los avisos de la Historia y de la tradición sólo se convierten en lecciones cuando ya no cabe remedio alguno sobre ellos, y el autor de esta fábula o de esta colección de fábulas es aún joven para caer en el desengaño. Tras su mensaje de escepticismo perdura el vigor de la imaginación y la libertad con que plantea el desenvolvimiento de su mundo narrativo. Se expresa mediante símbolos, pero no deja que estos ahoguen la ficción y exhibe una hábil destreza en la creación de personajes. Intencionadamente ha limitado su imaginación a un escenario que preconiza, sin embargo, una obra futura de imprevisibles ensanchamientos.
Arturo García Ramos 17.04.2011

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